NOVIEMBRE ,Efrain castano (sacerdote)
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| Opinión |
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La vida es dramática pero no trágica para el creyente; en el realismo de la existencia es imposible borrar el drama diario.
Estamos ya en el mes de noviembre que para muchos es el mes de los difuntos, hecho que no se debe desligar de la celebración de todos los Santos; no debemos olvidar que si bien existe la muerte como fuerte limitante a la celebración de la vida, existe el llamado a la santidad para todos como manera de realizar una bella vida y buena muerte.
La vida es dramática pero no trágica para el creyente; en el realismo de la existencia es imposible borrar el drama diario: la enfermedad, el fracaso, la traición e infidelidad, el olvido, la muerte de un bebé o un joven, el accidente y el desastre; estas son realidades que no se pueden negar en la trama de la existencia.
Para el creyente todo lo anterior conlleva el drama y a veces el dolor, pero no la desesperación, la maldición o el sentido trágico de la historia personal o global.
Mercedes Sosa, fallecida hace algunas semanas supo morir como vivió: cantando a la vida pero sin ignorar el dolor; lo anterior lo expresó con su actitud de final de sus días; pidió la asistencia de un sacerdote católico junto a su lecho, pacificó su corazón por la confesión y se fortificó por la recepción del sacramento de la unción de los enfermos cuando aún estaba en sus cabales; murió en la fe realizando lo que muy claramente describió el Papa Juan Pablo I: “la Fe es rendirse a Dios transformando la propia vida”.
El mismo día que murió Michael Jackson falleció también en Los Ángeles la hermosa y famosa actriz Farrah Fawcett, aquella talentosa intérprete en la serie: “los ángeles de Charlie” que tanto gustaba en el mundo del espectáculo; murió en dos bellas actitudes que le consolaron y le llenaron de fuerza sus últimos meses en la dura batalla de la enfermedad; una actitud fue la costumbre de la oración con el Rosario desgranando la consideración de los Misterios de Cristo y la otra fue la recepción muy emotiva de la unción de los enfermos; murió muy debilitada por la invasión del cáncer pero muy fuerte por la fe.
¿De dónde saca el cristianismo su sabiduría acerca de las realidades más decisivas para el destino humano?, la respuesta es contundente y precisa: de un acontecimiento, de un hecho, de una historia, la de Jesús de Nazaret quien en efecto murió pero también resucitó y desde entonces la dirección fatalista de la muerte se abre al horizonte feliz de vida eterna; viendo y viviendo la vida podemos descubrir el valor y el futuro de la misma vida.
Es cierto que estas frases pueden hacer reír a más de uno, pero también los atenienses se “echaron a reír” cuando Pablo en medio de su plaza les habló de la salvación (Act 17,32); no comprendían que la fe en la otra vida no es renuncia al presente sino que es tomar muy en serio y con mayor compromiso este mundo y su historia.
Lo anterior da pie para hablar de cielo y salvación, del más acá y el más allá; con razón José María Cabodevilla escribió “el cielo en palabras terrenas” donde hacen cercana la realidad celeste y eterna; la “soledad sonora” o “la música callada” son expresiones de los últimos bellos momentos.
Bueno es recordar en este mes que “a los que mueren en Jesús, Dios los llevará con él” (I Tes 4,13).



jotatrujillo dijo
Seguro que también tiene que haber un cielo (o lo que ello significa) para los no creyentes. Si no fuese así, ese dios del que hablas, (y yo respeto). no sería misericordioso.
Un abrazo.
4 Noviembre 2009 | 05:35 PM